Otros problemas en la vejiga tras el parto

Tras un parto es normal que se produzcan cambios en la musculatura del suelo pélvico. Lo más frecuente es que aparezca cierto grado de incontinencia de orina, que puede durar desde unos pocos días hasta meses.

Tras varios partos, el problema se puede agravar y el problema de la incontinencia se hace constante. Ya hemos hablado en otros posts que la rehabilitación del suelo pélvico es fundamental para la corrección de estos problemas. Sobre todo vuelo a recalcar que el mejor tratamiento es la prevención. El fortalecimiento del suelo pélvico debe ser una constante desde la juventud. Esto permitirá a la mujer a lo largo de la vida, soportar las agresiones sobre su suelo pélvico, como pueden ser los partos, la ganancia de peso, el ejercicio físico intenso o la menopausia.

Pero también tras el parto se pueden producir unos cambios en el funcionamiento de la vejiga, muy raramente, pero más angustioso es la aparición de una hipotonía vesical, es decir una falta de contracción del músculo de la vejiga que impide vaciarla. Suele ser una alteración transitoria y el único tratamiento es realizar sondajes vesicales intermitentes hasta que la vejiga adquiera tono.

Otra situación se encuentra en el extremo contrario, sería lo que llamamos una vejiga hiperactiva. En este caso el músculo de la vejiga que se llama detrusor, se contrae de manera involuntaria produciendo ganas continuas de orinar, sensación de micción imperiosa o incluso incontinencia. La mujer la describe como que no aguanta nada las ganas de orinar, que tiene que ir corriendo porque si no se le escapa.

Si bien se puede utilizar la rehabilitación clásica del suelo pélvico para tratar este problema, normalmente es necesario apoyarse en otros tratamientos. Es posible la utilización de medicación, los medicamento del grupo de los anticolinérgicos como la fesoterodina y la solifenacina, intentan interrumpir el estímulo nervioso que desencadena la contracción de la vejiga. Los agonistas de los receptores beta-3, el mirabegrón que provocan una relajación del músculo vesical, aumentando la capacidad de la vejiga. Se puede acompañar o no de una estimulación del nervio tibial posterior.

Si no funcionan estos tratamientos se puede valorar el inyectar, intravesicalmente, toxina botulínica. Esta produce un efecto parecido a los anticolinérgicos pero de una manera local, es decir no produciría los efectos secundarios generales que podrían producir estos, como son el estreñimiento y la sequedad de boca. También se puede utilizar en pacientes que tiene glaucoma en las que el uso de los anticolinérgicos está contraindicado.

Por último disponemos de la neuromodulación de las raíces sacras de la que ya hablamos en otro post. En este caso se dispone un electrodo en las raíces sacras que modula la respuesta sobre la vejiga. A pesar de lo que pueda parecer, es un tratamiento poco invasivo y en tan sólo unas semanas sabremos si responde o no al tratamiento.

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