Abusos Sexuales en la Infancia

El abuso sexual infantil tiene una frecuencia mayor de lo que la gente piensa. La prevalencia se sitúa en torno a un 25% de las niñas y un 10% para los niños. En su mayoría se comete por adultos, aunque también es posible entre menores, siempre que los abusadores tengan una diferencia de edad importante sobre el abusado.

En el abuso sexual no se requiere necesariamente contacto físico. Enseñar los genitales o pornografía a un niño, o utilizarlo como modelo para tomar imágenes pornográficas, es también abuso sexual infantil.

Aunque es extremadamente difícil controlar el abuso, la primera medida es sin duda conseguir una adecuada educación sexual en los niños, evitando el oscurantismo y secretismo sobre los temas sexuales.

Los países más adelantados en la realización de programas de prevención de abusos infantiles son USA y Canadá. En Europa son menos habituales. Deben ir encaminados a todos los sectores afectados: menores, padres, educadores y población en general. El fin de estos programas es disminuir la vulnerabilidad de los menores frente a los abusos y favorecer la comunicación de los menores ya abusados.

Por una parte los programas tienen un carácter informativo, por otra, deben conseguir desarrollar en el menor habilidades específicas en este tema. Se les debe informar sobre las situaciones que pueden generar peligro como lugares apartados, acercarse a un desconocido, etc. Deben distinguir entre caricias adecuadas o inadecuadas y quién podría hacerlas (padres, madres, médicos, etc). Los secretos sobre ciertas actividades no son buenos, mostrarles ejemplos. Las habilidades específicas fundamentales para evitar el abuso son: el impulso de la asertividad, el poder decir no con claridad a lo que no le guste y el mostrarle los puntos de ayuda de las que dispone en su entorno para defenderse de estas situaciones. El punto fundamental sería la propia familia, si ésta no es el origen de los abusos, pero después se amplía el círculo para buscar ayuda en educadores, policía, amigos, centros profesionales, etc.

Puede existir controversia en la puesta en marcha de estos programas. Por una parte no existen datos irrefutables de los resultados de los mismos, ya que es muy difícil de medir. Por otra parte hay quien les achaca ciertos efectos negativos como serían: aparición de miedo y ansiedad en el menor que, ante lo que le cuentan, vive en permanente estado de vigilancia y miedo; no distinguir entre asertividad y obediencia en otros campos que no son los sexuales, para con los padres o educadores; no distinguir entre señales de amistad y cariño y abusos, lo que conduce a falsas acusaciones y por último el impacto negativo que sobre la sexualidad puede provocarles estas informaciones.

Como he comentado al principio, la mejor prevención es una buena educación sexual. Al igual que ocurre actualmente en muchos casos, la única información sexual que tienen por ejemplo los adolescentes, es sobre enfermedades de transmisión sexual y sobre embarazos no deseados. Esto genera situaciones de miedo y estrés al enfrentarse a la sexualidad, cuando no, el rechazo. La oferta informativa sobre la sexualidad debe ser amplia y llegar en su momento justo. Adecuando la información a los niveles de edad y los conocimientos y expectativas del menor e integrándola en los demás temas de conocimiento conseguiremos mejores resultados que haciendo de la sexualidad una materia que nada tiene que ver con otras situaciones vitales.

Puedes escuchar mi intervención en el programa Es Sexo en el siguiente enlace (a partir de 1h 35')

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