Cartas de Amor vs. Email de Amor

Desde hace siglos el lenguaje escrito ha sido una parte importante del cortejo. Dentro de las interacciones entre amantes, las misivas de amor constituyen o constituían una pieza clave para mantener viva la relación.

Durante años, las cartas eran el único medio para mantener contacto entre las parejas. Las cartas podían tener una función introductoria entre aquellos que ni tan siquiera se conocían, generalmente en busca de matrimonios de conveniencia. Aceptando esta situación, cualquiera de los dos intentaba hacer llegar al otro una imagen que fuera atrayente. Su único medio, la carta. La habilidad de cada uno en expresar sus deseos, sus propias actividades o su descripción física, podía desencadenar en el receptor de la misiva sensaciones de aceptación o rechazo.

En el caso de parejas consolidadas, las cartas intentaban mantener la relación en momentos de adversidad, como eran las guerras o las separaciones por largos viajes. Tanto el momento de escribir, como el de recibir una carta, que podía tardar meses en llegar, eran acontecimientos muy importantes, que requerían buscar un largo espacio de tiempo para que las ideas y los sentimientos fluyeran en el papel, en el caso del emisor o para disfrutar de lo que ponía en el caso del receptor.

Parecía que las nuevas tecnologías iban a terminar con el lenguaje escrito, pero no es así, tan solo hay trasformaciones.

Es cierto que el teléfono cambió la comunicación entre amantes, sin embargo la aparición de internet devolvió a la escritura a un primer plano.

No ha cambiado mucho la relación que puede surgir entre dos personas que chatean sin conocerse. En la mayoría de los casos cada uno intenta expresar lo mejor de si mismo e intenta describir su vida como algo apasionante, en definitiva busca atraer a la otra persona con la escritura. También soslaya problemas para ciertas personas como es la timidez, la fealdad, la inseguridad, los problemas étnicos o la inseguridad. Si se es absolutamente sincero, el entablar relaciones de esta forma puede tener sus puntos positivos ya que el filtro que se hace sobre gustos, deseos, objetivos, etc facilita el encuentro entre afines. Por el contrario, la falsedad, el engaño continuado durante la relación virtual, puede tener finales desastrosos cuando se da el paso al mundo real.

Una situación que si es diferente con respecto a las cartas tradicionales, es la inmediatez. Tanto los correos electrónicos como los mensajes cortos (SMS, Whatsapp, etc), no favorecen la expresión de sentimientos pausados y pensados, en la mayoría de los casos se transcribe lo que pasa por la mente y se da a la tecla enviar. No ha dado tiempo a releer, a meditar. La persona que lo recibe puede estar contenta por la rapidez con que son correspondidos sus mensajes, sin embargo, en ocasiones hay frases, comentarios o incluso imágenes que no querrían haber sido leídas, vistas o emitidas. Es por ello, mi recomendación de ser muy cuidadoso al usar los medios digitales. Pensar como si se estuviera escribiendo un carta tradicional, releer, valorar las consecuencias de lo escrito, si merece la pena enviarlo en ese momento o esperar.

Atreveos a hacer la prueba de escribir una carta de amor y también a recibirla, ¿qué pensáis que pasará?: ¿Os costará o no?, ¿te gusta ver escrito tus sentimientos?, ¿te atreverás a enviarla?. Si la recibes: ¿Te habías imaginado lo que allí pone?, ¿te ha hecho ilusión?.

Podéis escuchar mi intervención en Es Sexo en el siguiente enlace (a partir del minuto 30)

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