Celos: "buenos y malos"

Los celos son una característica natural del comportamiento humano, surgen como consecuencia del proceso evolutivo para perpetuar la especie, en el que el macho recela de que la hembra pueda ser abordada por otro macho y la hembra se ve amenazada si su macho abandona el círculo familiar y deja de ayudarla a mantener la prole.

Hay dos tipos de celos, los que surgen de componentes emocionales y tienen una justificación ante hechos reales, son los celos reactivos, otros son los provienen de elementos cognitivos y conductuales, no tienen un sustrato real de traición o infidelidad. Los segundos son siempre claramente patológicos.

Los celos reactivos se pueden desencadenar por situaciones no necesariamente graves de infidelidad. El mero hecho de que la persona querida sea objeto de interés por otras personas, reclame más intimidad o disfrute con actividades fuera del ámbito de la pareja, pueden provocar reacciones celosas. Esta situación en un perfil bajo, puede ser un motivo de apoyo para una pareja reciente ya que cada uno de los miembros se ve valorado, querido o deseado por el otro. En el caso de una pareja de más tiempo, este hecho despierta sentimientos perdidos por la monotonía de la relación.

Los problemas de los celos surgen cuando esa duda sobre las actividades sociales del otro se convierten obsesión y además se distorsiona la realidad. A esto habría que añadir los problemas si se coincide con una pareja que padezca una dependencia emocional. Existe una clara relación entre los celos patológicos y la dependencia emocional.

Podemos encontrar personas en que una de esas situaciones precede a la otra, para otros una subyace bajo la otra y es su origen oculto, a veces un miembro de la pareja es celotípico y el otro dependiente.

Los celos son normales en una relación de pareja, el sentimiento de posesión que se establece en la pareja es natural, pero cuando ese sentimiento se transforma en una obligación comienza a ser un problema. Suele molestar que un miembro de la pareja establezca una relación demasiado constante o afectuosa con una persona de su entorno, sin que dicha relación sea para nada algo más que mera amistad o buena relación. Esta situación es normal si el pensamiento del afectado es: “prefiero que esté conmigo, no con él o ella”. Si se da el paso a: “exijo que esté conmigo y no con nadie más”, comenzamos a tener un problema.

Los celos patológicos son consecuencia de un trastorno delirante, y como tal, la distorsión de la realidad es su principal característica. Toda actividad de la pareja es calificada como sospechosa de engaño con un tercero. Una de las características de las personas celosas patológicas es su baja autoestima. Aunque parezca lo contrario, son personas que tienen sentimientos de autocompasión, no están seguros de si mismos, por eso piensan que la otra persona no les quiere de verdad, que está con ellos por otro interés oculto, o quizá ell@s no se merecen a esa persona pero tienen mucho miedo a perderla o encontrarse solos. Esto llevará por tanto a una dependencia emocional en la relación.

En otros casos, lo primero que surge es la dependencia emocional, es decir la necesidad patológica de cuidado y protección en este caso en una relación de pareja, que conduce a una falta de funcionalidad y autonomía para la persona que la padece. La responsabilidad de sus sentimientos, su felicidad o su tristeza se transmite al otro miembro de la pareja. Entre las características de la persona dependiente podrían encontrarse los celos. El abanico de comportamientos del dependiente es constante en todos ell@s: Idealizar a la pareja, necesidad de acceder a la misma de manera constante, evitar que pueda tener relaciones tan sólo amistosas con otras personas, síndrome de abstinencia ante la falta de la pareja que viene dado por la sensación de pánico a que la relación se pueda romper.

Aunque en esta parte se pueda parecer a una relación de celos, la persona dependiente, en oposición a lo habitual en un celoso, es una persona que idealiza a su compañer@, que l@ sitúa en un escalón superior, lo idolatra, intenta agradar. Esto suele ir acompañado de la elección de un perfil determinado de pareja para estos individuos. La pareja de un dependiente emocional y con mucha más frecuencia de una dependiente emocional suele ser una persona dominante, posesiva, egocéntrica, distante, que puede llegar a ser agresiva.

En el caso del dependiente emocional los celos se generan por el deseo de exclusividad de la pareja y la necesidad de que los sentimientos hacia ella sean correspondidos en la misma forma e intensidad. Generalmente esto no ocurre y la sensación de frustración comenzará a resquebrajar su estado anímico. A pesar de todo, la persona dependiente, suele reincidir en el mismo tipo de relaciones, tiende al autoengaño, a justificar sus problemas en las relaciones por problemas exteriores.

La solución a esta dependencia generalmente requiere de ayuda profesional que oriente sobre la necesidad de la autovaloración, sobre la evitación de colocarse en un segundo plano y situar a la pareja en un escalón superior como objeto de veneración y no de amor o amistad, en definitiva recuperar la autoestima. Es necesario que encuentre momentos y situaciones que le permitan una privacidad de sus sentimientos, que no viva o piense por y para el otro.

El aprender a quererse a uno mismo tal y como se es, es la mejor forma de recomponer la situación vital de un dependiente emocional y sobre todo evitar las tan frecuentes recaídas en este tipo de relaciones.

Puedes escuchar mi intervención en el programa Es Sexo en el siguiente enlace (a partir de 1h27').

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