Hipersexualidad- Adicción al Sexo

Hay que recordar que en 1973 despareció la homosexualidad de la lista de las parafilias. Quizá nos resulte hoy chocante este aspecto, pero han pasado más de 40 años y la mayoría de la gente puede suponer que la homosexualidad estaba mal vista, pero que no estaba etiquetada de enfermedad. Hoy solo se consideran trastornos parafílicos los que causan daño a otros, a uno mismo, se involucra a menores o supone una vulneración de la intimidad de las personas.

Las parafilias que se denominan comunes son el vouyerismo, sadismo, fetichismo, masoquismo, exhibicionismo, froteurismo, travestismo y pedofilia. Otras las podemos considerar extrañas como la hipnofilia o excitación al contemplar personas dormidas, la urofilia cuya única excitación proviene de orinar o ser orinado por la pareja, el microgenitalismo o excitación por los penes pequeños, la autonepiofilia en la que el estímulo es utilizar pañales y ser tratado como un bebé, y así podríamos enumerar más de cien. Cabe preguntarse si las parafilias “raras” dejarán de serlo si se conocen más, si la gente está dispuesta a contarlas abiertamente o dejarán incluso de llamarse parafilias para considerarse una variante más de la sexualidad. Si fuera necesaria una terapia para solucionar una parafilia, generalmente se usarían terapias conductivas. Las terapias aversivas no obtienen buenos resultados, además de resultar difíciles de llevar.

En ocasiones conductas parafílicas severas necesitan tratamientos farmacológicos entre los que destacan fármacos como la paroxetina e incluso antiandrógenos o inhibidores de la síntesis de testosterona. Nada tienen que ver los trastornos parafílicos con la hipersexualidad o la adicción al sexo . El término "adicción sexual" apareció por primera vez en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM)-III en 1980, pero fue eliminado en la edición de 1994 por falta de investigación. El trastorno de hipersexualidad no ha sido añadido a la lista de los trastornos psiquiátricos en el DSM V. En dicho manual se hace referencia a que hay ciertos aspectos de la sexualidad que no se pueden categorizar, o que su inclusión en el manual vendría dado por normas morales o valores psicosociales. Por ello no se puede cuantificar el número o la necesidad de relaciones sexuales necesarias para determinar a alguien como adicto al sexo. Este término se hizo famoso entre ciertos actores de Hollywood, que tras ser “pillados” en alguna infidelidad, tenían la airosa salida de decir que eran adictos al sexo y que debían seguir tratamiento en una lujosa clínica para este tipo de terapias. Por supuesto en estas clínicas avalan la existencia de la adicción al sexo y le dan las explicaciones científicas oportunas para continuar con tan lucrativo negocio.

Los trastornos de adicción como consumo de drogas, alcohol, etc lo que producen a nivel cerebral es un aumento de la dopamina en el nucleus accumbens , el centro del placer-recompensa. Conforme el organismo se acostumbra a la sensación de bienestar o euforia que produce esta sustancia, deja de ser satisfactorio para convertirse en una sensación de ansiedad, y por tanto cada vez se necesita más cantidad. Por otra parte el centro inhibitorio prefontal no se activa adecuadamente y por tanto se pierde la capacidad de control. En el sexo se producen estos cambios, pero no tan exagerados, pero lo que sí se va produciendo es un hábito, un reflejo de conducta; por lo tanto es raro que se convierta en adicción. Sólo si hay daños previos de esos centros nerviosos o se acompañan de la toma de drogas se convierten en adicciones. El sexo es por tanto la consecuencia de los problemas previos y no la causa.

Psicológicamente también hay explicaciones: Problemas simples como el malestar pueden buscar vías de escape en otras actividades, nos hace ser permisivos con nuestras inhibiciones o prohibiciones. Otra justificación es que el efecto de violar la abstinencia produce placer y estimula a consumir más lo prohibido En el polo opuesto encontramos el deseo sexual hipoactivo masculino y el trastorno de excitación y deseo femenino, éstos sí se encuentran como enfermedades en el DSM V. Existe una mayor prevalencia de la mujer con problemas de deseo que el hombre hipoactivo, lo cual remarca el clásico estereotipo de que la mujer tiene menos necesidad de actividad sexual. En resumen, no creo que en cuestiones sexuales se puedan definir criterios estrictos para hablar de normalidad o de enfermedad. Tan sólo la pérdida de bienestar o la sensación de sufrimiento ante determinadas conductas sexuales, puede hacer que una persona busque ayuda de un profesional en Medicina Sexual para salir de esa situación. Sólo los trastornos parafílicos descritos como tales en el DSM V enumerados al inicio del post requerirían actuación aunque el individuo no reconozca su comportamiento como enfermedad. Puedes escuchar mi participación en el programa de Es Sexo en el siguiente enlace (a partir de 1h20´)

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