¿Otra vez con la niñera?

En el programa de radio de este miércoles hablábamos de las noticias que surgen con cierta frecuencia sobre las relaciones entre niñeras y el padre de los niños.

Sin duda, este tipo de situaciones se puede dar, sin embargo, creo que se trata de algo más idealizado que real, sobre todo en el medio en que habitualmente nos desenvolvemos.

Como hemos comentado otras veces, el deseo sexual en una pareja se puede ir apagando debido a la monotonía. Independientemente de ciertos problemas hormonales como puede ser un descenso de los niveles de testosterona o un exceso de prolactina, la mayoría de las veces, los problemas de falta de deseo, tienen una causa psicológica, es decir, tiene que ver más con la mente que con algo orgánico.

La situación que nos ocupa podría fácilmente encuadrarse dentro de las fantasías sexuales prototípicas. Las fantasías sexuales típicas que incluyen usos de disfraces como el enfermera, doncella, bombero, militar, son habituales, también lo son aquellas que incluyen relaciones con personas del entorno laboral. Por todo ello, la situación de la “babysitter” joven, insinuante y padre adinerado, famoso y agraciado forma parte del estereotipo clásico para una película de tono subido.

Si bien las fantasías son necesarias para mantener la chispa del deseo, no quiere decir que haya que llevarlas a cabo y menos si implica terceras personas o su realización puede herir los sentimientos de la propia pareja. Las fantasías en pareja pueden quedar en eso, en algo ideal, en algo que excita al contarlo, al pensarlo, pero para pasar a la práctica de algunas de ellas hay que analizarlo bien, pensar en las consecuencias y bajo ningún concepto llevarlas a la práctica sin convencimiento propio, sólo por complacer a la pareja.

A veces se usa el término “morbo” para definir esa situación de atracción sexual. Sin embargo como decía Plutarco, el morbo es la desobediencia de la razón. En el diccionario lo encontramos como atractivo que despierta una cosa que puede resultar desagradable, cruel, prohibida o que va contra la moral establecida,por lo tanto, en esencia,  tendría un significado más patológico.

Independientemente de la propia fantasía otras de las clásicas explicaciones  a esta relación sería la atracción que ejerce el hombre con experiencia, madurez, estatus social, evidentemente sin valorar aspecto físico, sobre la joven que aporta a la relación vitalidad, jovialidad, fogosidad o imprevisibilidad, generalmente cualidades que se han ido perdiendo en la pareja habitual. En los últimos años se están viviendo cada vez más situaciones a la inversa, mujeres maduras con hombres jóvenes. Si bien en los casos más públicos el estereotipo más común es el aquí comentado, a nivel de la sociedad en general se está perdiendo el miedo a las relaciones entre personas con grandes diferencias de edad.

Existe una regla de origen incierto que establece que la edad mínima que pudiera tener tu pareja sería la mitad de tu edad más 7 y la edad máxima sería restar 7 a tu edad y duplicar el resultado. Se publicó un estudio en  Evolution and Human Behavior en 2001 por Buunk para ver la validez de esta regla, en éste observaban que los límites de edad para la pareja de un hombre en caso de una relación seria, de matrimonio, etc, eran más conservadores que los expresados en la regla, sin embargo cuando se les preguntaba por fantasías sexuales, le edad ideal de la mujer bajaba bastante de la edad mínima de la regla. Para la edad máxima los hombres admitían como válidas a mujeres de su edad o como máximo 40 años. En el caso de las mujeres tanto en relación estable como en fantasía las edades del hombre no bajaban de los 30 y en el caso de las máximas el promedio estaba en 37 años.

Puedes escuchar mi participación en el programa Es Sexo en el siguiente enlace (a partir de 74')

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