Salir del armario, entrar al armario

Creo, como hemos dicho tantas veces, que la educación sexual- que no es ni más ni menos que tratar a la sexualidad de forma natural, sin secretismos, sin pudor, sin extremismos a favor o en contra, sino de una manera objetiva y aséptica- debería conseguir hacer desparecer el concepto “salir del armario” (en inglés también se usa “outing”).

Nadie grita a los cuatro vientos: “ soy hetero”. De la misma forma desde la infancia, los sentimientos de un niño o una niña no deben ser encauzados. Qué corriente es encontrar adultos que bromean con los hijos, los sobrinos o los nietos en edades muy tempranas diciéndoles por ejemplo: Andresín, ¿verdad que Teresita es guapa?, ¿seguro que sois novios?. Todo esto genera un condicionamiento a la hora de expresar sus verdaderos sentimientos. Por su puesto ya no digamos los problemas que puede encontrar en la etapa escolar donde las manifestaciones contrarias a la norma establecida, por los adultos, se paga con el rechazo como mal menor para acabar en último extremo con la agresión física.

La educación sexual busca la normalización de cualquier aspecto relacionado con la sexualidad, en este caso la orientación sexual. Nadie tendría que salir del armario, sería un continuo más en el desarrollo vital de una persona. Se evitaría que la situación se convierta en una fuente de conflictos para la persona que oculta su condición sexual. Hay quien realiza el outing a modo de catarsis, como si fuera una terapia de grupo y el decirlo fuera asumir una culpa y de esta forma se libera. Sólo entiendo esta posición en un personaje público que quiera hacerlo como ayuda a otras personas que no se atreven a demostrar su condición sexual. No creo necesario reunir a un grupo numeroso de personas y exponer tus sentimientos, puede ser necesario que a ciertas personas como padres, hijos o parejas sí haya que darles alguna explicación, pero no de los sentimientos que te llevan a una determinada orientación, sino a por qué no has podido exponerlo antes.

Tampoco la expresión de los sentimientos de una forma exagerada o las actitudes histriónicas una vez que se ha dado el paso de salir me parecen adecuadas si se quiere dar normalidad a esta situación. Esto lo expresó bien Álvaro Pombo, homosexual declarado,en su obra Contra Natura: «No soy un moralista, pero propongo una reeducación sentimental, algo que en Occidente han hecho las mujeres. Los homosexuales tenemos que reeducar los sentimientos y trascender el mundo de la inmediatez. La mayor parte de los sentimientos requieren tiempo, y estoy hablando de años». Actualmente, por lo menos en España, el problema del colectivo LGTB surge en la tercera edad. En esta etapa se está viviendo un regreso al armario. Encontramos problemas de aislamiento por su condición. Los hay que tenían familia, pero que al manifestar sus deseos de expresar sus verdaderos sentimientos dentro de la sexualidad, se ven rechazados por ellos, los hay que el a lo largo de su vida se han visto desplazados por la sociedad en general, sobre todo en pequeñas ciudades o colectivos. Todo ello les lleva a plantearse volver a ocultar sus verdadera condición sexual.

El internamiento de estas personas en instituciones como residencias, puede suponer actitudes homófobas por parte de los otros residentes o incluso poca sensibilidad por parte del personal sanitario de estos centros. La formación del personal en este ámbito se hace cada vez más necesaria.

El otro problema que impulsa a regresar al armario es el “edadismo”. Quizá con más fuerza que en el ambiente heterosexual, la juventud, la belleza, el poderío físico es más valorado en los ambientes LGTB, por lo que en no pocas ocasiones, un mayor se ve rechazado en lugares de ambiente. También el error que se comete con los heterosexuales, al considerar que con la edad no es necesario el sexo, se aplica a este colectivo o se critica a los que mantienen su actividad sexual, con más fuerza que cuando eran jóvenes. Eduardo Mendicutti resume bien este problema: “Lo que no se nombra no existe. Y en el colectivo LGTB durante muchos años, ha costado trabajo nombrar la edad madura, la edad tardía, la tercera edad, la vejez, esa edad, por lo general, ignorada, discriminada, marginada, olvidada por toda la efervescencia que ha acompañado el largo camino hacia la visibilidad, la igualdad de derechos y el respeto social de los homosexuales, transexuales y bisexuales”. Puedes escuchar mi participación en el programa de Es Sexo en el siguiente enlace (a partir de 2h05´)

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