Sexo por el Mundo

Hemos dicho en numerosas ocasiones que en el sexo no hay nada normal o anormal siempre que no cause problemas a quien practique una determinada actividad o se fuerce contra su voluntad a otra persona o personas o se utilicen menores.

Sin embargo alrededor del mundo existen hoy en día costumbres sexuales que nos llaman la atención como en ciertos pueblos que no mantienen contacto directo con la globalización de la comunicación.

Tenemos ejemplos de actividad sexual temprana como serían los habitantes de las islas Trobiand en Papúa Nueva Guinea donde los niños empiezan su vida sexual entre los 6 y los 12 años, los adolescentes de la tribu Sambia de Nueva Guinea son separados de las mujeres un tiempo para realizar felaciones a los mejores guerreros, tragarse su semen y estar así preparados para acostarse con mujeres. En la isla del Pácifico, Mangaia, los chicos sobre los trece años se acuestan con mujeres maduras que les enseñan como durar más para satisfacer a las mujeres. La construcción de chozas del amor en la tribu Kreung en Camboya permite pasar la noche a adolescentes de distintos sexo para que elijan con quién se complementan mejor.

Otras situaciones nos llevan a la poliandria como en ciertas regiones de Nepal, una mujer comparte vida sexual con varios hermanos, lo que denominamos poliandria fraterna, se utiliza como método para controlar el número de hijos ya que los recursos son escasos, en otras zonas de Nigeria o la India la poliandria es libre, no hay relación de parentesco entre los hombres.

Sobre homosexualidad encontramos numerosos ejemplos de no sólo normalidad sino obligación a este tipo de relaciones. En Sumatra los Batak, permiten las relaciones sexuales entre jóvenes varones, e incluso pueden cambiar de pareja en sucesivas ocasiones; la relación heterosexual sin embargo es monógama. Se considera raro al hombre que no tiene relaciones homosexuales entre los Siwas de Norte de África.  Los Kerakis de Tunez consideran anormal al hombre que en el periodo anterior al matrimonio evite las relaciones homosexuales. Los Marind-Amin de Nueva Guinea favorecen la bisexualidad masculina, y además, la nueva esposa debe tener relaciones sexuales con los amigos de su esposo antes que con su pareja.

¿Porqué nos llaman tanto la atención estas situaciones?. Sin duda, la educación cultural en la que hemos sido formados es la que predetermina nuestros conceptos de normal o anormal, extraño o natural etc. La más amplia influencia cultural en nuestro entorno es lo que se ha denominado tradición judeocristiana. ¿Qué significa esto?

 

El pueblo judío no consideró el control de la sexualidad basándose en temas morales, sino como una manera de establecer su control y superioridad frente a los pueblos de Asía Menor donde se estableció. Éstos pueblos politeístas consideraban el placer sexual como un regalo de los dioses, tenían celebraciones o ritos para ensalzar el placer o la fecundidad, se vivía la corporalidad intensamente. Los judíos contrarrestan esta corporalidad y la sexualidad conlleva mediante severas prohibiciones. Éstas afectan sobre todo a la mujer como germen de la culpa. En el Levítico encontramos cerca de 20 prohibiciones de distintos tipos de relaciones sexuales; el castigo: la muerte.

El control ejercido en este campo también buscaba el aumento de la natalidad para mantener la supervivencia y supremacía de su pueblo. Ésto se consigue castigando toda relación sexual que no tenga un fin reproductivo. Ya que la naturaleza humana encuentra placer en la relación sexual, la justificación de este placer queda inconsciente o a mi modo de ver, mucho más conscientemente tapada por el objetivo reproductivo.

¿Y que pasa con la parte cristiana?. Cabe recordar que Jesús fue condenado precisamente por oponerse a las leyes mosaicas clásica, por tanto muchos conceptos éticos y morales de la ortodoxia judía no los compartía. En el aspecto sexual podemos evidenciarlo en el caso de la mujer adúltera. Esta corto período de apertura se ve truncado por las normas que nuevamente va a establecer la Iglesia como institución terrenal sobre la humanidad en general. Sobre todo entre los siglos XVI y XVIII la Iglesia a través del confesionario y el Estado a través de la medicina intentan un control de la actividad sexual, considerando amoral todo lo no relacionado con la mera procreación. Se establecen en esta época las restricciones sobre cuándo, dónde con quién, de qué forma y con qué fin se pueden mantener relaciones sexuales, así como la evitación del disfrute del propio cuerpo.

Todo ello ha configurado en la sociedad occidental a lo largo de los siglos unos clichés  que se asumen como normales, considerando anormal o en todo caso llamativo todo lo que no esté dentro de los mismos.   

Puedes escuchar mi participación en el programa de radio Es Sexo en el siguiente enlace ( a partir de 1h30')

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