Zoofilia

La zoofilia es la parafilia cuyo objeto de excitación sexual son los animales. Yendo un paso más allá si además hay acto sexual con ellos hablaríamos de bestialismo o bestialidad.

Las parafilias son comportamientos sexuales en los que el individuo logra la excitación o la satisfacción sexual por estímulos o actos diferentes a la relación coital clásica. En el sistema de clasificación de la enfermedades mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría, en su última revisión, el DSM-V se contemplan ocho trastornos parafílicos clásicos: Exhibicionista, fetichista, froteurista, voyeurista, sadista, masoquista, travestista y pedófilo. Se habla de trastorno parafílico para indicar su característica de patológico y necesidad de intervención clínica. La presencia de un sentimiento parafílico por si sólo no se considera, según el DSM V, un trastorno susceptible de ser tratado.

Para ser diagnosticado de trastorno parafílico se deben cumplir los siguientes requisitos: Ese comportamiento o deseo le produzca malestar intrínseco, no sólo por el rechazo social que pueda producir; que produzca malestar, daño o incluso muerte a otros individuos y/o que se realice sobre personas que no puedan dar su consentimiento (incultura, menores o discapacidad mental).

Si bien las parafilias se llamaron en un principio desviaciones o perversiones sexuales, a lo largo del tiempo se han ido “despatologizando” algunos comportamientos sexuales que estaban incluidos en ellas. Así el sexo oral o la masturbación dejaron de ser parafilias en los inicios del siglo XX. En 1973 se suprimió de la lista DSM la homosexualidad. Es por ello que sigue habiendo enorme discusión sobre la consideración patológica de determinadas parafilias.

Como he dicho antes, se describen ocho parafilias clásicas, pero existen numerosos objetos de excitación (fetiches) y situaciones que producen placer sexual que hace que el listado de parafilias pueda llegar hasta 500. Volviendo al tema que nos ocupa, la zoofilia, hemos de reseñar que en el nuevo Codigo Penal pendiente de aprobación, se considerará delito el sexo con animales. Se han presentado estudios que avalan que las personas violentas o con delitos sexuales, en un gran porcentaje, han tenido prácticas zoofílicas. En ocasiones combinan sus prácticas violentas o de abuso entre personas y animales, usando estos como parte de su victimización. Por ejemplo abusar sexualmente de un animal de compañía para extorsionar o maltratar a la persona con la que tiene más afecto el animal: un niño, su mujer, etc. No está claro por qué, pero si es manifiesto, que el trastorno parafílico, se produce mayoritariamente en hombres. La utilización de un ser vivo irracional entra dentro de los conceptos que hemos definido antes como características del trastorno parafílico y por tanto susceptible de ser tratado.

Independientemente del mero concepto psicológico de la zoofilia, es importante alertar sobre las múltiples enfermedades que puede conllevar el sexo con animales. Enfermedades bacterianas, víricas o parasitarias son comunes y existen grandes posibilidades de transmisión. Heridas con dientes, garras, etc, tienen un gran componente infeccioso, revistiendo por tanto una importante gravedad.

Los tratamientos de los trastornos parafílicos exigen técnicas de condicionamiento clásico como pueden ser la sensibilización encubierta, técnicas de aprendizaje operante y social como son la biorretroalimentación, técnicas de masturbación , adiestramiento en empatía o en habilidades sociales y técnicas cognitivas para identificar distorsiones perceptivas y conceptuales. Existen o se pueden acompañar de tratamientos médicos encaminados, sobre todo, a disminuir el impulso sexual. Entre ellos los tratamientos hormonales (antiandrógenos) y los psicoterápicos (fluoxetina).

Puedes escuchar mi intervención en el programa de radio Es Sexo. (a partir de 1h:24´)

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