El hombre multiorgásmico

Dentro de los procesos sexuales, el orgasmo es el que tiene una más difícil explicación fisiológica.

El orgasmo conlleva algunas respuestas físicas comunes como son la hiperventilación, la taquicardia, las contracciones musculares generales o las anales. Éstas ocurren tanto entre hombres como mujeres con independencia de su edad, etnia, clase social o cualquier otra diferencia que se nos ocurra. Sin embargo cómo se viven esos cambios físicos, las sensaciones que producen, son lo que marcan la diversidad de los orgasmos.

Como ya hemos dicho miles de veces, el mayor órgano sexual es el cerebro y por tanto el control de los estímulos que llegan y salen de este órgano son los principales determinantes de los orgasmos. Evidencia de este hecho lo vemos muy bien en los orgasmos que se pueden tener estando dormidos, donde no existen estímulos externos y sin embargo la respuesta se produce.

Mucho se ha hablado y escrito sobre el orgasmo femenino. Zonas de estimulación como el clítoris, los puntos  G, A, U, el ano, los pezones, los labios, las orejas, etc. También es conocida la capacidad, digamos mayoritaria, de las mujeres de tener varios orgasmos seguidos. La diferencia con el hombre en este caso es que tras la eyaculación ocurre el llamado período refractario en el que hay una brusca disminución del deseo, de la capacidad de erección y de eyaculación, por lo que es difícil para la mayoría de los hombres encadenar orgasmos.

¿Es por tanto posible que el hombre llegue a ser multiorgásmico?. Para dar respuesta a esta pregunta debemos tener muy claro la diferencia entre orgasmo y eyaculación. Si bien clásicamente la eyaculación es el final de la respuesta sexual, para los defensores de la multiorgasmia masculina, la eyaculación no debe formar parte del placer orgásmico, sería otra cosa, casi hasta un problema.

Basado en el interés por la salud sexual de las culturas taoístas, se han desarrollado múltiples  corrientes sobre los beneficios del control de la eyaculación sin perder el placer del orgasmo. En éstas se culpa a la eyaculación de ser un motivo de pérdida de la salud, ya que consume energía corporal en producir espermatozoides y fluidos espermáticos. Los textos taoístas o los tántricos hablan de mejorías progresivas en la salud conforme se mantienen relaciones con orgasmos sin eyaculación.

Científicamente esto es muy discutible ya que aunque no se eyacule, existe una destrucción y reposición de todos los componentes seminales, no habría por tanto esa dicotomía extrema de todo o nada, eyaculas o no eyaculas.

Es cierto que tras la eyaculación se produce esa sensación de placidez, bienestar y por qué no decirlo de sueño. Esa falta de energía parece debida a la producción masiva de PRL. Existen estudios que demuestran que a más PRL, períodos refractarios más largos.

Dejando aparte el beneficio o no que pueda tener para la salud en general el no eyacular. ¿es posible beneficiarse simplemente de esta práctica por placer?. La respuesta parece simple: si. Mejor dos orgasmos que uno, ¿no?. A esto habría que añadirle el beneficio mental que puede producir en gran número de hombres que disminuirían su temor a no mantener las erecciones un tiempo suficiente.

Para poder llegar a ser un hombre multiorgásmico hay que poder diferenciar entre la fase de contracción y la fase de expulsión. La fase de contracción incluye las contracciones prostáticas y anales, momento inmediatamente anterior a la fase de expulsión. Los ejercicios destinados al control de esta fase se basan en controles de la respiración o el control del músculo pubocoxigeo. Por ejemplo un ejercicio de respiración es poder contar hasta 100 un ciclo de inspiraciones y espiraciones sin pensar en otra cosa que en la propia respiración. Pruébalo verás que es bastante fácil desconcentrarte y perder la cuenta.  Para entrenar el músculo pubocoxigeo se habla en ocasiones del ejercicio de cortar el chorro de la micción, esto sólo nos debe servir para valorar qué sensación es la que debemos notar para posteriormente repetirla y ejercitarla, pero no debemos repetir la acción de cortar la micción repetidamente ya que esto produce problemas serios en la dinámica miccional.

El control del punto de No Retorno se debe poder hacer dominando esos dos elementos. Sin embargo mientras se aprende existen “trucos” para evitar llegar a la eyaculación como son el apretar el pene en la zona del glande, tirar del escroto o apretar lo que algunos denominan el punto del millón de dólares, que es la zona del periné, hasta comprimir la salida de la uretra a nivel de la próstata.

Por último y no menos fácil es difundir esas sensaciones orgásmicas de la fase contracción por todo el organismo. Por una parte se puede realizar lo que se llama la Aspiración en Frío o respiración testicular, que se utilizaría en fases de excitación inicial. Consiste en acompañar a los movimientos respiratorios con contracciones de los músculos pubocoxigeos e inguinales que harían ascender o descender los testículos con la respiración. Las sensaciones de excitación y congestión genital se trasladan al resto del cuerpo. En ese momento, según estas técnicas, hay que hacer fluir la energía hacia arriba y hacia abajo. Cuando se consigue este paso ya estarías preparado para realizar lo que denominan la Gran Aspiración, Michael Winn, maestro de Tao sanador dice que no hay nada de misticidad en esta técnica, simplemente en el punto de No Retorno hay que intentar producir una contracción de los pubocoxigeos, de los glúteos e incluso de los puños, pies y mandíbula. La actividad de estos músculos desvía, por así decirlo, los estímulos nerviosos y la irrigación de los nervios y músculos necesarios para la fase de contracción eyaculatoria.

A la vista de todo esto, ¿podemos estar seguros de que es el control del cuerpo el que nos convierte en multiorgásmicos?, o ¿es la mente la que finalmente nos lleva a esta situación?. 

Puedes escuchar mi participacón en el programa Es Sexo en el siguiente enlace ( a partir de 1h32')

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