Mate Poaching

 

Lo más parecido que podemos encontrar al efecto Eva Hungtington en la esfera sexual sería el mate poaching que sería el robarle la pareja a alguien. La mayoría de las veces se produce aprovechando la situación de cercanía a los miembros de la pareja y sus conocimientos de cómo funciona esa relación: pensamientos íntimos, puntos débiles, dudas, deseos no realizados, etc. El o la cazadora furtiva (poach: cazar furtivamente, robar), son auténticos depredadores sin escrúpulos. Muchos se justifican en que simplemente trataban de apoyar a su presa frente a una situación no deseada. Pero la realidad es que cada movimiento de acercamiento viene premeditado y muy estudiado, no surge de manera espontánea, es buscado y planificado como el robo a un gran banco.

De los trabajos que se han podido publicar sobre este tema, quizá el más conocido es el del psicólogo Foster de la Universidad de Alabama. Hay un primer dato llamativo y es que un 63% de los hombres y un 54% de mujeres están emparejados porque uno de los miembros de la pareja lo buscó estando el otro miembro emparejado. Schmitt de la Universidad de Bardley, Illinois realizó un sondeo entre  16 mil personas de 53 países, sus cifras fueron que un 18% de hombres casados y 11% de la mujeres casadas lo están con parejas “robadas” de otras relaciones. Los datos de intento de “caza” en pareja ajena lo confiesan más del 50% de hombres y mujeres.

El estudio de Foster se centra en la personalidad del hombre o mujer emparejado que se deja cazar. Con tres grupos de personas uno de 138, otro de 140 y otro de 219 llegaron a las siguientes conclusiones:

Considera a la persona cazada como infiel, ya que forma parte de una pareja, esto favorece la posibilidad de nuevas infidelidades en siguientes relaciones de dos a tres veces, a esto se suma su irresponsabilidad e irreflexibilidad como características típicas de  su personalidad. Esto contrasta con su baja simpatía y su pasividad social que deja de ser un problema ante una nueva pareja por su mayor predisposición erótica.

Según el estudio de Schmitt, el cazador es extrovertido, con poca conciencia de culpa, infiel y erotofílico, egocéntricos y con bajo nivel de compasión.

Cuando se establece una pareja nueva, el o la cazada muestran menos interés y compromiso en esta relación. También hay menor satisfacción y menor inversión en esta relación. Por último se encuentran también más índices de infidelidad.

Aunque no se conozca a la pareja de la persona con la que se quiere establecer relación, el hecho de “tentar”  a la persona emparejada es igual de perverso y no minimiza el daño.

Si bien, como se plantea en el estudio, el o la infiel es el “cazado”, el cazador también lleva su parte de culpa. Generalmente se aprovechan resquicios en la relación como son ausencias prolongadas, actuar como amigo/amiga a quien contar penas.

Un 80% de los encuestados en el estudio de Schmitt afirmaban haber recibido proposiciones encontrándose en pareja.

Podemos decir por tanto que el emparejamiento no es una gran barrera para los individuos con personalidad depredadora. Es más, esta situación es su principal aliciente, buscan la emoción y el poder conseguirlo eleva su autoestima. Para Schmitt otro razonamiento es que las personas que están en pareja tienen un plus de calidad, es decir como son mejores están emparejados por eso son deseables.

Aunque seguramente algunos dirán que es muy fácil decirlo, quien evita la tentación evita el peligro. Este aforismo se puede aplicar en este tipo de relaciones en las que alguien intenta romper una pareja sin aparentes problemas por el mero hecho de satisfacer sus egos y necesidades aprovechándose de la vulnerabilidad de uno de los miembros. 

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