Parafarmacias Eróticas

No hay enfermedades sino enfermos es una clásico aforismo atribuido al médico francés Claude Bernard, aunque otros lo atribuyen al insigne Gregorio Marañón.

Hago referencia a esta frase para recalcar la necesidad de un estudio cuidadoso y personalizado de los pacientes que consultan por problemas de disfunción sexual.

Diría que más que en cualquier otra patología, la individualización del diagnóstico y tratamiento es primordial cuando hablamos de sexualidad. Esto es así porque a las posibles causas físicas se unen factores psicológicos y además las dificultades de relación con otras personas.

Físicamente es necesario valorar edad, índice de masa corporal y estado físico general. Enfermedades actuales o pasadas. Dentro de éstas hay que valorar que la propia enfermedad no controlada produce las alteraciones que hacen posible la disfunción sexual, por ejemplo una hipertensión arterial produce disfunción eréctil por alteraciones vasculares en el pene. Sin embargo la toma de ciertos medicamentos para la hipertensión también favorece la disfunción eréctil como serían los diuréticos o los betabloqueantes. Si es así, a veces el cambiar de medicación corrige los problemas.

También es necesario una valoración analítica en la que fundamentalmente solicitaremos hemograma, glucosa, colesterol con sus fracciones HDL y LDL, ácido úrico, perfil de hormonas con LH, PRL, TSH, testosterona total, estrógenos, tanto para hombre como para mujeres.

La presencia de ciertas alteraciones en la esfera de la sexualidad pueden ser los signos de alarma de enfermedades más graves, por lo que el retraso en el diagnóstico no es algo a despreciar. Hay numerosos estudios en los que se relaciona la disfunción eréctil con procesos cardiovasculares severos. La presencia de los fallos en la erección puede preceder en unos tres años a algún acontecimiento cardiaco grave. Una falta de deseo en una mujer puede ser la señal de alarma de un trastorno endocrinológico como un hipotiroidismo.

Se hace necesaria una valoración psicológica y de las relaciones personales para completar el estudio. La presencia de trastornos anímicos, de la personalidad, de la vida en pareja, de las orientaciones sexuales, de las expectativas sobre el sexo deben tenerse en cuenta a la hora de plantear un tratamiento.

No quiere decir todo esto que no tengan utilidad las que ahora se denominan parafarmacias eróticas en cuanto a remedios para ciertos problemas sexuales. Hay que diferenciar lo que son enfermedades reales que cursan con disfunciones sexuales, de aquellas “aparentes disfunciones” que lo que necesitan son pequeñas ayudas para mejorar el rendimiento sexual. Cremas que cambian la temperatura o las sensaciones genitales, perfumes  que nos evocan sentimientos de bienestar, dispositivos mecánicos para estimulaciones diversas, son de gran ayuda en muchos casos. En cuanto a los productos ingeridos hay que ser más cautos ya que las expectativas sobre sus beneficios son bastante irreales. Partiendo de la base de que cumplen todos los requisitos  en cuanto sus composiciones, la inmensa mayoría se basan en la mezcla de ciertos tipos de hierbas generalmente orientales con teóricos efectos en la esfera sexual. La fitoterapia, que sería este tipo de tratamiento es la base de la farmacología moderna, por lo que es evidente que ciertos compuestos químicos de las plantas pueden tener efectos sobre distintas patologías, pero en su mayoría la potencia de acción no es la suficiente si realmente existe una enfermedad seria.

Lo que si produce un efecto beneficioso es entrar en una parafarmacia erótica y encontrar ideas para ampliar tu arsenal erótico. La posibilidad para algunas personas de sentir que ciertas actividades no son extrañas, que pueden desarrollar sus fantasías y hay ayudas para ello , que acudiendo en pareja se despiertan deseos escondidos, hace que merezca la pena probar a entrar en una de ellas.

 

Puedes escuchar mi participación en el programa Es Sexo en el siguiente enlace (a partir de 1h28')

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