Donante de semen, ¿anónimo o no?

En este mes de febrero se ha publicado un artículo de opinión en la revista Fertility and Sterility de los doctores McGovern y Schalff sobre el anonimato de las donaciones de gametos, en este caso de semen.

Comienza con un repaso de cómo comenzó el uso de semen de donante en 1884 por el Dr. William Pancoast en que posiblemente ni la receptora del semen, ni el marido de la misma supieron nunca la utilización de este método para solucionar su problema de fertilidad.

Con el paso de los años, el proceso de la donación de semen ha ido controlándose, tanto en la selección de los donantes, en el uso de estas muestras y en la información para las receptoras del mismo. Los análisis de enfermedades infecciosas en los donantes, el estudio de un alto número de enfermedades genéticas recesivas o los controles psicológicos hacen que esta técnica tenga unos elevados niveles de seguridad.

Sin embargo, el debate está abierto respecto al anonimato para la receptora y el donante. Cada vez es más sencillo realizar mapas genéticos, encontrar páginas web donde la gente cuelga sus secuencias genéticas y hacer búsquedas para encontrar concordancias con nuestras secuencias de ADN. En estas condiciones preservar el anonimato no va a frenar la posibilidad de encontrar a un padre biológico.

En un futuro no muy lejano, el derecho del nacido como fruto del uso de semen de donante, a conocer los datos de su progenitor, prevalecerá sobre el anonimato de receptora/donante, aunque esto no deberá implicar ninguna responsabilidad económica ni de ningún otro tipo por parte del donante. La información tanto a la receptora como al donante deberá ser más exhaustiva sobre lo que supondrá el uso de estas muestras, la necesidad de comunicar al hijo cómo ha sido su origen y su derecho a conocer los datos de todas las personas implicadas en el proceso de concepción.

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